Incorporar a nuestra memoria colectiva los testimonios de las víctimas contribuye a la reparación social de todas aquellas mujeres que han enfrentado violencias machistas en el periodo de encierro. Mugarik Gabe propone abordar la memoria como estrategia en la lucha contra las violencias machistas.

Aplausos, enfermas, estado de alarma, Resistiré, calles vacías, Whatsapp, Twitter, policía, papel higiénico, Pedro Sánchez, multas, perros, UCI, militares, mascarillas, cacerolada, trabajos esenciales, guantes…

En el futuro, nuestras memorias del periodo de Coronavirus estarán llenas de imágenes y sensaciones que se repiten en estos días de encierro en nuestras casas. Rememoraremos a quienes se han consolidado como héroes y heroínas de esta pandemia y a su vez, habrá muchas otras personas y colectivos que, una vez más, caerán en el olvido. Las invisibles, las otras, las de los márgenes; y entre ellas, todas aquellas mujeres que sobrevivieron, y las que no, al confinamiento en casa con sus agresores. En base al trabajo desarrollado por Mugarik Gabe los últimos años sobre la memoria de mujeres víctimas y sobrevivientes de violencias machistas, podemos constatar que éstas no son reconocidas y por tanto recordadas en nuestra memoria colectiva.

La memoria social es el relato que la sociedad hace de sí misma, esto es, qué contamos sobre lo sucedido, qué recordamos sobre el pasado (y qué no). Este relato es clave en la conformación y explicación de nuestra identidad y construye un imaginario social. En la construcción de la memoria social, al igual que en la construcción de todo tipo de narrativa, el discurso imperante deja sin voz a los grupos con menor poder, y en consecuencia, sin apenas posibilidades para escribir historia y que ésta quede en el recuerdo colectivo.

Al igual que la memoria social colectiva sobre diferentes periodos, los relatos, vivencias y experiencias de algunos colectivos no tendrán un hueco en los recuerdos individuales ni en la memoria colectiva del periodo de Coronavirus y sus consecuencias caerán en el olvido. No recordaremos a todas aquellas personas y colectivos que vivieron el confinamiento de una manera más cruda, por la situación de vulnerabilidad en la que vivían y que el confinamiento intensificó.

Para saber qué se recordará solo hay que analizar en torno a qué ejes están girando las noticias diariamente y quienes narran la historia actual. A diario leemos y escuchamos datos que son consecuencia del actual contexto de crisis, contagios, decretos, altas, test, muertes… Otros datos, sin embargo, pasan más desapercibidos, como por ejemplo, los que expuso el ministerio de Igualdad sobre las llamadas al número de atención a víctimas de violencia machista, 016. Éstas habían aumentado un 47,3% en la primera quincena de abril respecto al mismo periodo del año pasado y las consultan on-line incrementaron un 650%. Desde la primera semana de encierro, se alertó del peligro que podía suponer exponer a muchas mujeres al encierro con su agresor. No obstante, lo que les sucede a las mujeres sobrevivientes de violencias machistas, al igual que lo que les sucede a otros muchos grupos de personas en situaciones de vulnerabilidad, no es urgente, y mucho menos importante en periodo de Coronavirus, corriendo el riesgo de caer de nuevo en el olvido.

 

La memoria social: estrategia de lucha contra las violencias machistas

La memoria establece un hilo conductor entre el pasado, el presente y el futuro, ayudándonos a interpretar el presente y orientar nuestro futuro. Es desde ahí donde Mugarik Gabe proponemos recoger las voces de todas aquellas mujeres que enfrentan situaciones de violencia machista, para que estén inscritas en nuestra memoria, las recordemos y hagamos una lectura crítica del pasado y presente para construir propuestas alternativas de futuro.

Rehacer la memoria colectiva desde un análisis feminista es un proceso que contribuye a la transformación de la sociedad poniendo las bases para la no repetición de hechos violentos. Asimismo, escuchar y dar credibilidad a la experiencia de otras voces mitiga la violencia simbólica que supone la imposición del discurso sobre los hechos por parte de quienes ejercen el poder.

Debemos recoger en nuestra memoria social los relatos de las mujeres víctimas y sobrevivientes de violencias machistas, dando credibilidad a las mismas, para resignificar las violencias machistas y cambiar así el imaginario social; todas estas propuestas sitúan a las mujeres como sujetas activas de sus propias vidas. Asumamos la responsabilidad colectiva y situemos las  vivencias de estas mujeres y sus estrategias de afrontamiento como parte de nuestra historia.