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LECCIONES PALESTINAS PARA EUROPA

El ataque de Israel sobre la franja de Gaza, con toda su carga de acciones indiscriminadas contra la población civil, así como el consiguiente posicionamiento de los diversos actores políticos ante el mismo, aporta nuevas lecciones de geopolítica mundial. Sin embargo, en este contexto interesa ahora, por su cercanía y afección, un sencillo análisis sobre los discursos y posicionamientos de la Unión Europea y, por lo tanto, la práctica totalidad de los gobiernos de este continente, que se ha autoerigido históricamente como cuna de la democracia y del establecimiento y desarrollo de los derechos humanos como base de las relaciones internacionales entre los estados.

Pero, aunque suponga adelantar las conclusiones de este escrito, establecemos desde ahora que el ataque israelí contra Palestina, ha puesto de manifiesto el doble rasero y la hipocresía europea. Estos calificativos vienen demostrados, además de por la ya característica falta de acción política exterior conjunta, por las reiteradas y evidentes contradicciones entre el discurso de los derechos humanos, como seña de identidad europea y su práctica, cuando menos en lo que se refiere a la defensa de los mismos en todos los foros y circunstancias. De modo especial, se dejan patentes estas contradicciones si, en el aspecto externo, las comparamos con otros posicionamientos claros ante este conflicto por parte de diferentes países, especialmente aquellos ubicados en el continente latinoamericano.

Europa siempre se ha pretendido como la campeona de la teorización y ejercicio de los derechos humanos. Desde los primeros pasos de la revolución francesa, allá por los finales del siglo XVIII, hasta las décadas posteriores a la II Guerra Mundial caracterizadas por la llamada “guerra fría”, este continente se ha presentado ante el mundo como tal defensor. Y esto no solo para si mismo, sino también para todo el mundo; así el desarrollo de los derechos humanos como instrumentos internacionales tiene mucho que ver con las actuaciones de los países europeos en muchos y diversos organismos de este tipo y alcance. Ello, aunque históricamente, ya desde esos primeros pasos, muchas de sus actuaciones no encajaban en coherencia con la teoría que decían defender; especialmente revelador en este sentido es la práctica totalidad de la actuación colonial a lo largo de los dos últimos siglos.

Incluso una vez concluida la guerra fría, las últimas décadas también fueron propicias para que Europa siguiera enarbolando la bandera que ya la caracterizaba, queriendo cubrirse así de un halo de ética y cierta superioridad moral sobre otras civilizaciones y culturas del planeta. Hasta hace escasos años, las declaraciones de la Unión Europea en las que se hacía una encendida defensa de los derechos humanos, o se hacía especial alusión a la violación de éstos para condenar regímenes y actuaciones de terceros, eran una constante.

Sin embargo, el desarrollo desenfrenado de la democracia neoliberal y la crisis civilizatoria que vive este continente, así como la supeditación absoluta de su política exterior a la definida por Estados Unidos, además de las mencionadas contradicciones internas o falta de acción colectiva, han hecho desaparecer de la práctica geopolítica de Europa el discurso de los derechos humanos. Para este nuevo contexto ha incidido también, aunque normalmente se niega o se soslaya, el hecho de la toma del poder real por parte de los lobbys económicos y las transnacionales, las cuales han cooptado a la mayoría de la clase política redefiniendo sus actuaciones y discursos. Y el poder económico nunca se ha caracterizado por su especial consideración, respeto y defensa de los derechos humanos, si entiende que éstos son un obstáculo en la búsqueda perpetua de beneficios.

En todo este marco, el último ataque de Israel contra el pueblo palestino, el cual ha sido condenado sobre el mismo terreno por parte de altos funcionarios de Naciones Unidas por su carácter violador de las más elementales normas del derecho internacional, en especial el humanitario, ha puesto nuevamente de manifiesto estas contradicciones que señalamos en la política europea, incluida la más absoluta hipocresía. El propio secretario general de este organismo, Ban Ki-moon, ha ido más allá que Europa en la condena y definición de los indiscriminados bombardeos israelíes como “actos criminales” y “ultraje moral”. Así, valores e ideas básicas para la dignidad de las personas y pueblos, aquellos que Europa defiende con prestancia en otros lugares del planeta, en este caso son ignorados y, por el contrario, sus declaraciones y acciones han dado continua cobertura a quienes los violan de la forma más flagrante. Las masacres diarias de civiles (más de 1500), los reiterados bombardeos de hospitales y de escuelas refugio de la población desplazada, así lo demuestran de forma incontestable. Como una evidencia más del cambio de discurso y de acción, el doble rasero aplicado a la constante y más firme condena del lanzamiento de cohetes por parte de Hamas (3 muertos civiles), mientras se hace un alarde insultante de condescendencia hacia Israel y de su derecho a la defensa, mismo derecho que se niega a la parte palestina.

Porque llamamientos hipócritas a las autoridades de Israel para la “contención” de sus ataques, sin la más mínima medida de presión política o económica no son sino respaldos evidentes a la continuación de dichas masacres hasta alcanzar aquello que ya se puede calificar como genocidio.

Como se señalaba al principio, toda esta acción europea se pone más en evidencia, cuando se hace una sencilla comparación con las de otros países, a los que la primera siempre consideró, y en cierta forma todavía así los entiende, como países de segunda que tienen mucho que aprender del modelo europeo, por su escaso desarrollo institucional y democrático, ya hablemos de política, sociedad, economía o cultura. Brasil, Chile, Perú, El Salvador, Argentina, Ecuador, Venezuela, Cuba, Bolivia, son países latinoamericanos que han retirado de Tel Aviv a sus embajadores o han tomado otras acciones como forma de protesta, más allá del discurso vacío, ante la brutal campaña bélica contra Gaza. Es una forma de ejercer cierta presión diplomática internacional que, aunque hay quienes la pueden calificar como irrelevante y testimonial, Europa ni tan siquiera ha sido capaz de dar ese paso como denuncia a tan evidentes violaciones de los derechos humanos de población civil desarmada que ésta dice defender, mientras se queda en discursos vacíos que ya nadie cree, salvo como explicación de su inoperancia.

Por otra parte, y como última prueba de lo sustentado hasta aquí, señalar que mientras la anterior es la línea de acción hacia Palestina, esa misma Europa impone sanciones económicas y diplomáticas cada vez más agresivas contra Rusia, exigiendo que ésta deje de apoyar a los separatistas prorrusos de las provincias del este de Ucrania. Sin entrar ahora en el análisis de este conflicto pues no es objeto de este texto, si hay que subrayar que aquí Europa si se muestra beligerante en su accionar diplomático, político y económico, mientras, como ya se ha señalado, no es capaz de hacer lo propio ante Israel para defender los derechos humanos del pueblo palestino.

Lo que se produce diariamente en Palestina es una constante violación de los derechos humanos individuales y colectivos y la postura de Europa en este conflicto, además de dejar cada día más patente su irrelevancia como actor político en la escena internacional, sus contradicciones y su doble rasero respecto a los derechos humanos, debe de tener como consecuencia inmediata un grito de denuncia de la hipocresía de sus clases gobernantes por parte de los pueblos europeos. Europa debería recuperar la coherencia política entre la teoría y la práctica respecto a esos derechos que se pretenden universales, pero quizás la clase política y económica, en su gran mayoría, ya no conoce el significado de esas palabras ni de esos derechos.

Jesus González Pazos
Miembro de Mugarik Gabe
2014/08/05


Palestina sin análisis

Por una vez, y como se suele popularmente decir, sin que sirva de precedente, haremos caso a las autoridades. Ello, precisamente por que lo aquí expuesto más que un sesudo análisis pretende simplemente aludir al sentimiento popular, al corazón de nuestras sociedades. Como decíamos, las autoridades suelen, históricamente y sobre este conflicto, transmitirnos dos ideas básicas, sencillas para que la ignorante opinión pública pueda entenderlas. De una parte, que los palestinos son terroristas todos y todas, y si no lo son es por que todavía son pequeños, pero lo serán cuando crezcan; además son musulmanes y, por eso, el hecho (el ser) terrorista lo deben de llevar en la sangre. Fin de la idea primera; como vemos, fácil de comprender para el populacho y de entender que está bien acabar con ellos mediante los métodos más expeditivos, sin contemplaciones. Ahora bien, la segunda idea, aunque directamente relacionada con la anterior, va dirigida a un segmento social concreto, a ese que puede “preguntarse algo más” (entiéndase como idea sarcástica de las autoridades pues realmente están convencidos de que no hay sector social con capacidad para hacer cuestionamientos profundos). Para este sector, al que le pudieran surgir interrogantes sobre lo anterior, especialmente al ver bombardeos solo de una parte sobre población indefensa, la receta es sencilla: “son problemas muy complejos… mejor no meterse”. El correlato de lo anterior es que para eso ya tenemos a las autoridades que son las únicas con capacidad altamente desarrollada para entender esos problemas y resolverlos. Así, el pueblo pasa a ocuparse de cosas más mundanas como el destino vacacional, la subida de la gasolina o los amoríos de algún famoso de la prensa rosa (esto último verdaderos problemas para el pueblo).

Y por si fuera poco, a las ideas anteriores se suma una tercera cuestión, establecida desde hace décadas y aparentemente indiscutible, sobre la que también se preguntaba Galeano: ¿el hecho trágico del holocausto judío en la II Guerra Mundial ha dado a Israel una póliza de eterna impunidad?. Lo triste es que, como decimos, esto no es una cuestión de hipótesis, sino de afirmación, de cuestión no discutible que se reafirma periódica y constantemente en la opinión pública. Pensemos que cada vez que se abre una crítica más o menos profunda sobre la actuación de este país, rápidamente alguien hace una declaración recordándonos el holocausto, o aparece algún reportaje periodístico sobre el mismo, o las televisiones programan, sin intencionalidad ninguna por supuesto, alguna película el hecho histórico de hace casi 70 años para que lo recordemos nuevamente como de ayer mismo.

Y de esta forma, desde las autoridades propias, locales, escalamos hasta el nivel de la “comunidad internacional”, ese ente formado básicamente por nuestras autoridades, siempre que sean blancas, occidentales y defiendan con ahínco la democracia liberal, es decir, europeos y norteamericanos principalmente; el resto, en el mejor de los casos, la consideran mera comparsa necesaria en las votaciones de Naciones Unidas para dar una imagen más heterogénea y colorista de esa comunidad internacional. Ella entiende perfectamente el problema y ella está activando con cautela todos los complejos mecanismos que actúan en este tipo de situaciones para alcanzar, quizás, un alto el fuego. Eso si, éste lo será cuando Israel lo considere oportuno a sus intereses. Mientras habrá declaraciones varias, incluso alguna un poco grandilocuente, sobre la necesidad de contención del ejército israelí en sus bombardeos y, entre medias, la absoluta y radical condena a Hamas por seguir disparando cohetes será omnipresente, aunque no habrá por contra ninguna presión al ejército mejor armado y más sofisticado que hay en un radio de varios miles de kilómetros alrededor de Gaza. La llamada comunidad internacional muestra una condescendencia absoluta hacia el que masacra en esta parte del planeta, mientras condena radicalmente al que se defiende de un bloqueo de varios años que, como decíamos anteriormente, condena a más de un millón de personas a vivir en la mayor cárcel del mundo.

Pero todo esto, también como decíamos al principio, además de profundos y necesarios análisis geoestratégicos, requiere también de corazón. Las personas, quienes no somos la comunidad internacional por que hace tiempo que nos expulsaron de ese espacio que ha quedado en manos de la tradicional clase política, militar y económica, constituimos la “comunidad de los pueblos”. Y es en ésta donde se articulan los sinceros sentimientos de solidaridad y de hermandad, ahora para con el pueblo palestino. Es en esta comunidad donde real y verdaderamente, entendemos el dolor por las muertes, heridos, destrucción, ocupación y, en suma, por el genocidio que Israel comete diariamente contra ese pueblo. No necesitamos estudios e investigaciones de organismos internacionales que al final no dirán lo obvio: sabemos que esto es una masacre y sabemos que se están violando todos los derechos humanos por parte de un gobierno y un ejército que hace gala además del desprecio más absoluto hacia la vida y dignidad del pueblo palestino. La verdad es que a veces, es difícil de entender que un pueblo como el judío, que sufrió el holocausto nazi, esté en su mayoría respaldando este nuevo genocidio, ahora protagonizado directa o indirectamente por él mismo.

Por todo esto, desde esta “comunidad de los pueblos” debemos profundizar, de una parte, la denuncia permanente contra los asesinatos en Gaza. Pero, por otra parte, es importante que activemos la presión sobre nuestros gobiernos, pequeños y grandes, pues ellos son los que realmente están dando la cobertura necesaria, la disculpa hipócrita, para que Israel siga adelante con su genocidio. Para el fin del apartheid en Sudáfrica fue decisiva la actuación internacional, la de los pueblos, presionando para el boicot hacia todo lo que podía salir directa o indirectamente del régimen racista sudafricano, para que no se realizaran inversiones económicas en ese país o forzando la ruptura de relaciones diplomáticas de los diferentes gobiernos, además de su condena en los diferentes organismos internacionales. Hay entonces una importante experiencia acumulada y, sobre todo, la prueba de que es posible acabar mediante la presión social con estas injusticias; pero para ello, como se señala, además de la condena a Israel, hace falta la presión contra quien le está dando la cobertura necesaria para seguir con sus acciones genocidas contra el pueblos palestino.


Comunicado de la Plataforma Bizkaina de solidaridad con Palestina

Desde la plataforma bizkaina de solidaridad con palestina queremos mostrar nuestra completa solidaridad con el pueblo Palestino, condenar con todas nuestras fuerzas al Estado genocida de Israel, reconocer la decisión del pueblo palestino en la elección de Hamas como su legítimo representante, y afirmar el derecho de la población palestina a defenderse ante la ocupación y las incesantes y brutales agresiones israelíes.

Hoy más que nunca desde nuestra sociedad queremos mostrar nuestro apoyo al pueblo palestino, y recordarles que no están solas y sólos  en su lucha.

Denunciamos la pasividad y complicidad de los gobiernos y las instituciones internacionales que una vez más se han convertido en cómplices de este genocidio, y exigimos que tomen medidas inmediatas para parar esta masacre y que respalden la legitimidad del pueblo palestino a defenderse de la brutalidad de Israel.

Mientras gobiernos e instituciones permiten y alientan que los asesinatos y el horror continúen, la sociedad está demostrando que no va a quedarse callada. Por eso, desde la plataforma queremos animar a la gente que se sume a todas las convocatorias que se hagan en solidaridad con el pueblo palestino. Debemos acabar con la impunidad de el estado ilegal y genocida de Israel, por eso llamamos al Boicot de este estado y todas sus expresiones.

Por todo esto, convocamos esta vez una cadena humana que saldrá de la Plaza del Arriaga el próximo viernes 16 de enero a las 19:30 horas y en la que los distintos colectivos que integramos la Plataforma vasca de solidaridad con Palestina queremos animaros a participar.

Palestina askatu. Gaza askatu.