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Desinformación, hegemonía y fascismo

Recurrentemente en los últimos años se ha escrito mucho sobre la pretendida sociedad de la información en la que vivimos. La extensión hacia los últimos rincones del planeta de internet y las redes sociales nos han llevado a esa percepción. La prensa tradicional escrita, radial o televisiva, aquella que en las últimas décadas nos proveía de la información necesaria para saber qué ocurría en nuestro mundo inmediato y en el más lejano, parece que se aboca a su desaparición o, en el mejor de los casos a su radical transformación. La modernidad informativa nos lleva a nuevas cotas donde ya no hace falta esperar a la mañana para comprar el periódico, o a los noticieros horarios para, bien en radio bien en televisión, tener cumplida información de los hechos más relevantes de la jornada. Ahora en cualquier momento podemos acceder a la prensa digital y a una multitud aplastante de datos sobre lo que ocurre en el mundo o sobre el más inimaginable abanico de temas relevantes o irrelevantes.

Por eso se afirma que vivimos en la sociedad de la información aunque, y a pesar de lo extraño que pueda parecer, quizás podamos convenir también que esa es una afirmación que contiene una paradoja evidente, pues tal cúmulo de información nos desinforma. Para sostener esta idea hay dos razones inmediatas que nos llevan a ello. De una parte, la gran abundancia de información que, en simple apariencia, nos asegura que la sociedad está necesariamente informada; de otra parte, la manipulación y concentración de la información que limita brutalmente las fuentes posibles que nos acercan esa información en términos de cierta objetividad y diversidad de puntos de vista. Sigue leyendo


Estados neocoloniales y el 12 de octubre

Ahora que no está de moda, hablemos un poco de colonialismo. Muchos pensarán que es un asunto pasado, histórico, y que buena gana de desperdiciar el tiempo con temas como éste; sin embargo, mantendremos en este texto que hoy un número muy elevado de pueblos y sectores sociales viven aún situaciones que podemos calificar como coloniales, aunque con evidentes matices, y alguna diferencia, sobre lo que la historia política nos contó en relación a los siglos anteriores. Precisamente, esa historia, cargada de evidentes connotaciones ideológicas, nos enseña que, salvo contadas excepciones, para las décadas de los años 60 y 70 del pasado siglo XX podemos dar por finalizado el amplio periodo caracterizado por el colonialismo. Ese sistema de dominación que, principalmente, ejerció Europa durante los últimos 300 ó 500 años (según continente) sobre la mayor parte del mundo. Sigue leyendo


Venezuela, con respeto y solidaridad

En la práctica totalidad del universo político y comunicativo vasco y español defender hoy al gobierno venezolano y los progresos habidos respecto a las condiciones de vida que el proceso de transformaciones ha supuesto en ese país para las grandes mayorías populares, puede abocar directamente al linchamiento. Ver supuestos debates en determinados canales televisivos o tertulias radiofónicas, así como escuchar declaraciones de la clase política tradicional es como oír un discurso monotemático que no se sale ni un ápice de la supuesta verdad: Venezuela es un régimen dictatorial y la oposición solo lucha por la democracia perdida. Aunque para ser justos, más que el linchamiento de quien disienta de ese discurso dominante, lo que prima hoy en día en esta democracia ibérica es la invisibilización absoluta, no vaya a ser que dar cabida a alguna duda razonable pueda abrir resquicios en el muro político y mediático construido en estos años. El fin, evidentemente, ahogar la más mínima objetividad sobre lo que está ocurriendo en ese país latinoamericano. Sin duda, cualquier observador independiente podrá apreciar el sustrato de tics coloniales que todavía subsisten y que la vieja “madre patria” periódicamente saca a la luz con su íntimo convencimiento de alumbrar el camino de todo un continente atrasado y no civilizado, como si todo se hubiera quedado parado en el siglo XVI o XVII. Sigue leyendo


El nuevo imperialismo de las élites económicas

Hace unos años, y de forma paralela a la crisis que sufrieron los planteamientos más tradicionales de la izquierda clásica tras la desaparición del llamado bloque soviético, el término imperialismo cayó en desuso hasta su casi desaparición del lenguaje político y quedó relegado a los libros de historia. No era moderno hablar de imperialismo, como casi tampoco lo era declararse de izquierdas y si, a lo sumo, progresista. Sin embargo, el mundo sigue dando vueltas y el afianzamiento del neoliberalismo y de sus consecuencias más duras, traducidas en el dominio de los mercados y de las élites económicas sobre la vida de los estados y pueblos, vuelve a poner sobre la mesa este término.

Así, ajustándose a las nuevas realidades político-ideológicas que hoy vivimos, se hace necesaria una revisión y actualización del término y de su significado. Interesa en este sentido un enfoque que hable del nuevo imperialismo basado principalmente en el desplazamiento de la acumulación del poder desde las manos de las clases políticas tradicionales y de los estados-nación hacia las élites económicas. Pero, hasta llegar a ello, y para entenderlo mejor, exploremos algunos elementos fundamentales del imperialismo clásico. Sigue leyendo


Más allá de los 140 caracteres

Igual ya no está de moda leer y tampoco escribir. Y esto, aunque el metro o el autobús en las mañanas nos pueden llevar aún a pensar lo contrario cuando vemos a la gente ensimismada en sus pantallas de e-books y móviles. Sin embargo, lo que en realidad se va imponiendo cada día más es la cultura de los 140 caracteres, como consecuencia lógica de la sociedad rápida, esloganizada y minimalista que vivimos. Pero también como reflejo y consecuencia de la reducción del pensamiento crítico, que el sistema dominante tiene como evidente objetivo para hacer más absoluta su prevalencia.

Cierto es que en estos últimos años se ha desarrollado, se puede decir así, un arte del reduccionismo y hay que reconocer que a veces en 140 caracteres se condensan verdades o ácidas críticas y afiladas razones. Hay personas que han desarrollado una alta capacidad para transmitir mucho con pocas palabras; es de reconocer. Pero, la otra verdad es que cada día vivimos más en base a los mensajes condensados y reaccionamos, para bien y para mal, en función de los mismos. Incluso las clases políticas, las tradicionales y las modernas, hoy se pliegan a esta nueva realidad y usan el tuit de forma continua para trasladarnos declaraciones, imágenes e ideas simples o, directamente, para la manipulación informativa y el adoctrinamiento ideológico. Exponente máximo de esto último y de la cultura del reduccionismo es el actual presidente de los Estados Unidos, que prefiere este medio antes que exponerse ante periodistas y reconoce abiertamente que no le gusta leer. Aunque aún no sabemos si es por haber desarrollado esa alta capacidad de comunicación a través de unas pocas palabras o es porque, realmente, no tiene nada inteligente que transmitir. Sigue leyendo


Geopolítica de la comunicación en América Latina

El anterior presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pasa a la memoria colectiva en gran medida como un “presidente bueno”. De una parte por su imagen pública, de otra, al establecerse la irremediable comparación con las primeras decisiones del actual. Sin embargo, la realidad es otra. Solo dos hechos: de una parte, mantuvo a su país en todas y cada una de las guerra abiertas que tenía al llegar a la presidencia, pese a haber prometido su salida de la mayoría, y no cerró la ilegal cárcel de Guantánamo manteniendo allí a decenas de personas, nunca juzgadas en ningún tribunal y, por lo tanto, detenidas durante años en la más absoluta ilegalidad. Esto dice poco de su concepción y respeto a los derechos humanos y de los diferentes pueblos a decidir su presente y futuro sin intromisión de terceros. Pero además, en el plano interno, durante su mandato son inocultables los continuos episodios de racismo y discriminación contra la población negra a lo largo de todo el país y en especial los protagonizados por las fuerzas policiales, dando lugar a levantamientos y protestas como hacía años no se producían. Y esto durante la presidencia del primer mandatario negro de la historia estadounidense. Pues bien, a pesar de ello y tal y como se señala al principio Barack Obama se ha ido de la Casa Blanca con una cierta y popular buena imagen. Sin duda, entre otros actores, pero de forma determinante, han contribuido a ello los grandes medios de comunicación, los lobbys de la imagen y la información. Sigue leyendo