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Bibliografía géneral
 

Documentos Mugarik Gabe:

Marco teórico: política de género

 

1. Panorama mundial: la desigualdad

2. Las mujeres en la cooperación

3.Políticas de género

       
     
 
       
       
         
 

1. Panorama mundial: La desigualdad

"No hay actualmente ninguna sociedad donde las mujeres dispongan de las mismas oportunidades que los hombres." (PNUD Informe sobre el Desarrollo Humano 1995)

"Las mujeres representan la mitad de la población mundial, pero poseen una décima parte del dinero que circula por el mundo y un centésima parte de todas las propiedades." (PNUD Informe 1995)

"A pesar de los tremendos cambios del siglo XXI, la discriminación y la violencia contra las mujeres y las niñas continúan firmemente ancladas en culturas de todo el mundo" (Fondo de las Naciones Unidas para la Población 2000)

"En todo el mundo solamente el 14% de los parlamentarios son mujeres - y en 10 países no hay ninguna parlamentaria" (Informe sobre el Desarrollo Humano 2002)

"La violencia contra las mujeres abarca todo tipo de situaciones sociales y económicas y está profundamente enraizada en las culturas de todo el mundo, a punto tal que millones de mujeres la consideran un modo de vida" (Informe de la Organización Mundial de la Salud 2000)"

Desigualdad entre hombres y mujeres en cifras

Un repaso de las cifras existentes sobre las desigualdades entre hombres y mujeres al nivel mundial nos enseña que dicha desigualdad es un fenómeno omnipresente. Aunque con niveles y formaciones muy distintas se puede encontrar en todos los países y en todas las esferas y capas de las sociedades.

Las mujeres trabajan más que los hombres pero ganan menos dinero: mientras que un hombre dedica 100 horas de su tiempo al trabajo (productivo y reproductivo en total), una mujer en Kenya trabaja 135, en Sudáfrica 122, en Japón e Indonesia 109, y en los países de la OECD en promedio 105 horas. Así mismo, el trabajo que hacen las mujeres es en gran parte no remunerado, ya que la mayoría del trabajo reproductivo está hecho por mujeres (3/4), y un tercio de su trabajo se dedica al trabajo del mercado. Debido al trabajo no remunerado y a que sus salarios generalmente son más bajos ellas poseen ingresos inferiores a los de los hombres (entre 1/5 hasta 2/3). Por está razón la mayoría del dinero en circulación queda en manos de los varones. Así que no es sorprendente que de los 1.300 millones de personas pobres en el mundo (que viven con menos que un dólar al día) dos tercios sean mujeres.

Las mujeres no acceden del mismo modo a la toma de decisiones políticas ya que la esfera pública-política sigue siendo en gran medida una esfera masculina. Sólo existen 10 países en el mundo donde las mujeres representan más de un 30% de las y los parlamentarios. De media mundial ellas representan un 14% del total de representantes en los parlamentos.

En 10 países no hay ninguna parlamentaria y en el Parlamento Europeo - que respecto a su tasa de parlamentarias está considerado como avanzado -, un total de 29,71% de los eurodiputados/as elegidas en 1999 fueron mujeres. Por ende las políticas son en la mayoría hechas por y para los hombres.

La población refugiada, las personas desplazadas y emigrantes son sobre todo mujeres, niñas y niños. El número cada vez mayor de conflictos armados y con ellos las violaciones han dado lugar a un aumento en el número de corrientes forzadas de desplazamientos internos y de población refugiada. Como pauta general, más del 75% de las personas desplazadas son mujeres y niños, y en algunas poblaciones de refugiados esas cifras alcanzan el 90%.

Desde 1992, más de 20.000 mujeres y niñas han sido violadas en los Balcanes y se estima que en Ruanda 15.700 mujeres fueron violadas en un año de guerra. En general, la violación de las mujeres aumenta considerablemente durante los estados de guerra y es un arma utilizada para debilitar y deshonrar al enemigo en la guerra. Desde el año 2001 la violación es considerada como un crimen contra la humanidad (Sentencia del Tribunal Penal Internacional para la Ex Yugoslavia, La Haya, 22 de febrero de 2001). Aún así, las tropas de paz enviadas a zonas conflictivas, no disponen de medidas para afrontar la violación de mujeres en contextos de guerra. Además, en seis de cada ocho países con conflicto en los que se enviaron cascos azules o tropas en misión de paz, aumentó la prostitución.

Las mujeres carecen de un sistema sanitario adecuado a sus necesidades. Cada minuto, una mujer muere por complicaciones relacionadas con su embarazo. En África subsahariana una mujer tiene una probabilidad entre trece de morir durante el embarazo o el parto. A menudo falta una educación sexual adecuada para mujeres y hombres y no hay una difusión suficiente de métodos anticonceptivos. En consecuencia se estima que un tercio de los embarazos a nivel mundial no son deseados. Al mismo tiempo, casi la mitad de los abortos realizados ocurren en malas condiciones o a escondidas porque no están legalizados.

Las enfermedades de transmisión sexual afectan a un número de mujeres cinco veces superior al de hombres. Fisiológicamente, las mujeres tienen más disposición a infectarse con el VIH y rápidamente están alcanzando y superando el número de hombres contagiados con el VIH. En África, la cifra de mujeres VIH positiva es dos millones más alta que la de los hombres.

Las niñas reciben menos educación escolar que los niños: casi dos tercios de la población infantil que carece de acceso a la educación primaria en todo el mundo son niñas. Respecto a la matriculación secundaria esta diferencia es aún mayor. Se calcula que en el mundo hay 880 millones de personas adultas analfabetas, de las cuales 544 millones, el 62%, son mujeres. Teniendo en cuenta que la educación es considerada como medio crucial para poder salir de la pobreza este desequilibrio influirá en el crecimiento de la pobreza femenina.

La violencia contra las mujeres es un fenómeno global. En todo el mundo, las niñas y las mujeres, sean cuales sean sus niveles de ingreso, su clase social y su cultura, están sometidas a malos tratos físicos, sexuales y psicológicos. Al menos una de cada tres mujeres ha sido golpeada, obligada bajo coacción a establecer relaciones sexuales o maltratada de alguna u otra manera y una de cada cuatro mujeres ha sido maltratada durante el embarazo. El 11 % de todas las mujeres en España sufren malos tratos y cada cinco días muere una mujer por haber sufrido malos tratos. En el año 2004 107 mujeres fueron asesinadas por su pareja en el Estado Español.

En total se estima que al menos 60 millones de niñas que de otro modo habrían vivido, han "desaparecido" de diversas poblaciones, mayormente en Asia, como resultado del aborto selectivo en función del sexo, el infanticidio o la desatención. Así mismo, cada año, dos millones de mujeres corren el peligro de que se les practique la Mutilación Genital Femenina (MGF).

Feminización de la Pobreza o "la economía global es un varón"

Estas cifras nos muestran sobre todo que la desigualdad entre hombres y mujeres la encontramos en todo el mundo aunque con contextos y en formas diversas. Nos muestran también que una cara de dicha desigualdad es la violencia contra las mujeres y niñas. Otra es que la población femenina es la parte de la población mundial con menos recursos, es decir la parte más pobre. Evidentemente, la pobreza tiene género y por ende influye de manera diferente en la vida de hombres y mujeres. Debido a este hecho, ha surgido el término "feminización de la pobreza". Aplicarlo significa, por un lado, comprobar que la pobreza afecta sobre todo a las mujeres. Por otro lado, quiere describir la tendencia en las dinámicas de la pobreza al nivel mundial, donde se observa que la pobreza está feminizándose continuamente.

De ahí que no nos sirve constatar solamente que el 1% de la población más rica del mundo tiene una renta anual equivalente al total de lo que recibe el 57% más pobre de la población del mundo. También queremos destacar el hecho de que el empobrecimiento creciente afecta sobre todo a las mujeres y de que la cifra de mujeres en condiciones de vida precaria es cada vez más alta. Se estima que un 70% de los más pobres del mundo son mujeres.

Los cambios en las relaciones económicas y políticas internacionales, la creciente globalización, las innovaciones tecnológicas y el cambio de la organización del trabajo son factores que favorecen la feminización de la pobreza. Las Políticas de Ajuste Estructural (PAE) en los países empobrecidos introducidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) y los cambios estructurales en los países enriquecidos produjeron una creciente desestabilización y recortes en los sectores sociales y sanitarios de los estados. Como consecuencia de estos recortes, en muchos casos éstas políticas han producido un aumento del trabajo reproductivo.

La globalización del comercio y la liberalización del mercado son dinámicas que en algunas regiones empobrecidas pueden producir efectos de crecimiento económico y una subida del nivel de vida. Pero en lo que es el contexto global estas dinámicas producen un aumento de la brecha entre la población pobre y rica.

Algunas de las consecuencias de este proceso para las mujeres son:

- El aumento de su presencia en puestos de baja remuneración debido al incremento de este tipo de empleos por la intensificación de la competitividad en el mercado global (Ej.: maquila textil) llegándose a hablar de "la feminización del proletariado desde una perspectiva mundial".
- La pérdida de alternativas laborales por la desaparición de formas de producción fuera del mercado, como la economía de subsistencia, en las que las mujeres han jugado hasta el momento un papel crucial.

Entonces, en parte vemos un proceso de una mayor inclusión de la fuerza del trabajo femenina en el sector productivo por los cambios estructurales, sobre todo en los países con un coste de trabajo bajo. Así que de alguna manera las mujeres entran en la esfera pública del trabajo remunerado, sobre todo en el sector de la exportación. Pero echando un segundo vistazo a este proceso vemos que a menudo se trata de trabajo bajo condiciones precarias con salarios extremamente bajos y más bien de una carga añadida al trabajo no remunerado. Un empeoramiento de la situación económica de los hogares pobres y la falta de modelos de reproducción alternativos obliga a las mujeres a asumir cualquier puesto de trabajo remunerado y no les da margen de elección. Sin dejar de mencionar, la sobrecarga que supone para las mujeres, en la práctica, tener que seguir siendo las únicas responsables del trabajo doméstico y reproductivo.

La creciente desigualdad en el mercado de trabajo mundial estimula la inmigración por trabajo. Sobre todo son las mujeres jóvenes las que emigran en busca de un trabajo para contribuir a los ingresos de sus familias. Como ejemplo destacado hay que mencionar Asia del Sur: la relación de mujeres y hombres que emigran de Filipinas en busca de un puesto de trabajo ya es un 12 a 1.

Pero no solamente son las mujeres de los países empobrecidos las que están afectadas por la feminización de la pobreza. Este fenómeno también se da en los países del Norte. Aquí lo que sobre todo contribuye al empobrecimiento de las mujeres son los recortes del estado del bienestar. Pero también el cambio en la organización del trabajo muestra desigualdades de género en los países ricos. Dado a la distribución sexual del trabajo reproductivo y productivo los hombres "encajan mejor" en el perfil de la fuerza de trabajo flexible y móvil.

Viendo los efectos que tiene la globalización de la economía en la vida de hombres y mujeres, redes feministas llegaron a la expresión que la "economía global es un varón" para subrayar que los que se aprovechan de la globalización económica son sobre todo los hombres ricos. Si trabajamos en la cooperación para el desarrollo con la meta de reducir la pobreza y mejorar las condiciones de la vida para todas y todos es imprescindible tener en cuenta las dinámicas y mecanismos de la pobreza y del empobrecimiento. Por ende la pobreza femenina debe formar un punto crucial de nuestro interés y nuestras acciones.


2. La mujer en la cooperación de desarrollo

Si exigimos que nuestro trabajo en la cooperación para el desarrollo esté destinado a mujeres y hombres es inevitable que tengamos en cuenta las diferentes situaciones en las que se encuentran las personas. Para encontrar un concepto para nuestro trabajo que lo asegure disponemos de la experiencia de más de 30 años de trayectoria de cooperación a favor de las mujeres del Sur. Esta - en gran medida - no ha logrado la mejora de la desigual posición que tienen las mujeres. Pero podemos aprovechar las experiencias hechas para encontrar una estrategia más eficaz respecto al logro de una mayor igualdad entre hombres y mujeres.

En lo que fue la primera década para el desarrollo, propuesta por Naciones Unidas en 1960, no se aplicó ningún enfoque especial que tuviera en cuenta las diferentes condiciones de vida de hombres y mujeres. Desarrollar entonces significaba estimular el crecimiento económico que según la filosofía de la modernización automáticamente llevaría a un mayor nivel de vida para todos. Esta década se caracterizó por la invisibilidad de las mujeres, suponiendo que lo que beneficie a los hombres se traduce en beneficios para el conjunto de la familia, incluidas las mujeres. Como mucho se consideró a las mujeres en lo que es su papel reproductivo. Este llamado Enfoque de Bienestar partió del punto de vista de que las mujeres son receptoras pasivas de los beneficios del desarrollo y su único papel activo en la contribución al desarrollo se veía en la crianza de niños y niñas, dando lugar a proyectos que las veían únicamente como madres e iban dirigidos a cubrir las necesidades prácticas y no sus intereses estratégicos (planificación familiar, salud materno infantil, nutrición, higiene, donación de alimentos, etc.).

A principios de los años setenta, cuando se planteó el tema de la población y las dinámicas demográficas como aspectos importantes en el desarrollo de los países, las mujeres fueron visualizadas por primera vez en los programas del desarrollo como protagonistas de las tendencias de la fertilidad. La aplicación poco crítica de los estereotipos de género - el hombre trabajador y la mujer reproductora - en los programas de desarrollo produjo la desconsideración del importante papel que tiene la mujer en el desarrollo sobre todo en los sectores productivos. La relación desigual entre hombres y mujeres ni siquiera se planteaba como tema. *

* Se adjunta cuadro en anexo con los distintos enfoques de las políticas dirigidas a las mujeres

La estrategia de Mujeres en el Desarrollo (MED)

Un estudio amplio sobre el trabajo productivo de mujeres con enfoque al sector agrícola de Ester Boserups publicado en 1970 produjo una amplia discusión sobre los conceptos de desarrollo que se aplicaron hasta entonces. Este estudio mostró el papel crucial que tienen las mujeres en el proceso de la producción. También visibilizó su sobrecarga de trabajo (productivo y reproductivo) en comparación con la de los hombres. Impulsadas por los movimientos feministas del Norte y del Sur y apoyadas por el surgimiento de la preocupación científica-sociológica sobre las mujeres en los foros académicos, las mujeres se convirtieron en un grupo de destino de la cooperación en el desarrollo. La reivindicación era integrar las mujeres en el desarrollo y hacer visible su contribución al proceso del desarrollo.

En 1975 se declaró desde las Naciones Unidas la "década de la Mujer". A través de ella el enfoque de Mujeres en el Desarrollo (MED) fue aplicado a los programas de desarrollo existentes. Se instalaron estructuras institucionales en casi todos los organismos de la cooperación que se dedicaron al "componente de mujer". Aunque el enfoque MED hizo más consciente a la población de los papeles emprendidos por las mujeres y su reconocimiento, no salió de una filosofía modernizadora y un pensamiento que veía a las mujeres como personas deficitarias. Se instalaron en los programas de desarrollo ya existentes proyectos especialmente dedicados a mujeres así como proyectos que tenían un componente de mujeres. No se cuestionó ni el modelo de desarrollo predominante ni las relaciones de poder que posicionan a mujeres y hombres en una constelación asimétrica. La idea era integrar a las mujeres en el desarrollo y aprovechar su fuerza de trabajo en el sector productivo.

Así que el horizonte de la actuación era la integración en el modelo existente y la medida para lograrla era el cambio de las mujeres.

La evaluación del MED

Cuando se evaluó la década de la mujer en 1985 en Nairobi los resultados fueron sobre todo decepcionantes. La situación de las mujeres al nivel global había más bien empeorado, la pobreza femenina estaba en aumento y las medidas emprendidas por parte de organismos internacionales de desarrollo - sobre todo los programas de ajuste estructural - habían contribuido a una creciente desigualdad entre hombres y mujeres. Frente a este escenario las modestas medidas dedicadas especialmente a las mujeres en el desarrollo tuvieron efectos poco notables, con recursos demasiado bajos y resultados de poca eficacia. En las evaluaciones se llegó a la conclusión de que las barreras decisivas en el desarrollo - la subordinación y explotación de las mujeres - no se abordaban desde el enfoque de MED, impidiendo la mejora de su situación y condición en la sociedad y el desarrollo.

El supuesto del enfoque MED -planteando la situación social de las mujeres como un problema de las mujeres mismas - descargaría a la sociedad en general y en especial a los hombres de su responsabilidad. Los problemas y necesidades surgidos de las relaciones de género y la división sexual del trabajo no eran considerados. También faltaría una reflexión sobre los modelos de desarrollo vigentes. Así que tras la introducción del enfoque de MED la carga de trabajo de las mujeres había aumentado sin lograr un mayor poder económico, una redistribución del trabajo reproductivo, ni una consulta de las mujeres sobre el tipo de desarrollo e integración que buscaban. Se daba una "integración" en el mundo de los hombres, aprovechando el trabajo productivo de la mujer sin cambiar las relaciones de poder. Lo que quedaba como un resultado positivo era sobre todo la instalación de estructuras - aunque con poco poder propio - en los organismos internacionales que se destinaron a los temas de las mujeres. Este hecho facilitaría la difusión de conceptos que surgieron a futuro.

En 1972 Ann Oakley propuso la diferenciación entre lo que es el sexo (como componente biológico) y género (como componente social). Gracias a este término se consiguió una herramienta para rechazar tendenciosas argumentaciones biológicas que veían los papeles sociales de las mujeres y las relaciones entre los géneros como algo natural e incambiable. También daba la posibilidad de analizar tanto las diferentes situaciones de hombres y mujeres como sus roles sociales según el contexto específico y en conjunto con las relaciones de poder incorporadas en las relaciones de los géneros.

Empoderamiento de las mujeres

En 1985 en la conferencia de Nairobi la red feminista del Sur DAWN (Development Alternatives with Women for a New Era) - introdujo el término de Empoderamiento. Éste término parte de que los modelos del desarrollo vigentes llevan incorporados en sí una perspectiva masculina y que urge la revisión profunda de las ideas de desarrollo para lograr un desarrollo sostenible y justo. Parte del análisis de que la lógica universal tiene un patrón masculino. De ahí que para poder emprender un proceso hacia la equidad de los géneros haría falta crear una igualdad de condiciones que garanticen la participación para todas y todos en el proceso de transformación. El empoderamiento de las mujeres se refiere al fortalecimiento de sus potencialidades y necesidades estratégicas para cambiar una situación estructuralmente desigual a través de la toma de conciencia de las propias capacidades.

El empoderamiento se refiere a un proceso en que la mujer alcanza el control de su propia vida; de cambio de dependencia, marginalización e inseguridad a una independencia, participación, toma de decisión y autoestima fortalecida. En sentido estructural el empoderamiento de la mujer significa un cambio en las relaciones dentro de la estructura social que tiene como resultados la redistribución de poder y la destrucción de estructuras patriarcales.

La base de este concepto es una crítica radical de los modelos económicos neoliberales y las medidas de reestructuración económica de los organismos internacionales. Los efectos que han tenido éstos llevaron a las redes feministas a elaborar una crítica feminista de la economía global y a desmantelar la supuesta neutralidad de género de los procesos económicos. Para poder influir en el diseño de los procesos políticos y económicos con el fin de transformar el orden patriarcal se veía necesario que las mujeres aumentaran su poder mediante la redistribución de los recursos materiales y simbólicos y de sus beneficios, de forma equitativa, dentro de y entre las sociedades.

Una idea fundamental del Empoderamiento es que los cambios en la conciencia y en la autopercepción tienen que ser propios. Así reivindican mecanismos de participación democrática en los procesos de desarrollo ya que el empoderamiento no es algo que puede ser dado por otra persona. Los agentes de la cooperación para el desarrollo pueden crear condiciones favorables a este cambio y apoyarlo pero los sujetos del cambio tienen que ser actores activos para garantizar que son ellos y ellas las que determinan los pasos para la transformación. Esta propuesta pone el acento en la autoorganización de las mujeres para poder asumir poder en términos de ser capaces de influir en la dirección del cambio.

El Género en el Desarrollo (GED)

Tras la evaluación y crítica del enfoque de MED y gracias a los esfuerzos conjuntos de académicas, funcionarias del desarrollo y activistas de los movimientos de mujeres tanto en el Sur como en el Norte - como la del DAWN (Development Alternatives with Women for a New Era) - surgió una nueva manera de entender la participación de las mujeres en el desarrollo. Las relaciones de género y su transformación se convirtieron en el centro de interés, en vez de una transformación de las mujeres y fue puesto como punto de orientación para la actuación. Surgió la estrategia de Género y Desarrollo (GED) y con ello una estrategia que intenta lograr la transformación de todas aquellas relaciones que están obstaculizando el disfrute equitativo para mujeres y hombres de los beneficios del desarrollo.

En la conferencia de la ONU en Nairobi en 1985 se declaró la década de Género en el Desarrollo. Este enfoque busca el desarrollo de mujeres tal como el de los hombres con el fin de cambiar las relaciones desiguales de poder.

Con la conciencia de que un cambio tal solamente se puede conseguir tras una intervención amplia se aplicaba la estrategia de transversalización (mainstreaming) del género. La transversalización quiere conseguir que el enfoque de género no sea un enfoque aditivo sino que forme parte de los pilares básicos de la cooperación al desarrollo.

Consiste en integrar los temas de género en todas las dimensiones del desarrollo y considerar el aspecto de género en todas las actuaciones. Así la estrategia del GED contiene un cuestionamiento profundo del concepto y de las prácticas del desarrollo entendido como un mero proceso económico neutral. De ahí que la ambición es reivindicar un desarrollo alternativo que tenga como horizonte una sociedad estructurada sobre bases democráticas, participativas e igualitarias. Eso implica que también ha de fijarse en las relaciones de poder en las organizaciones de la cooperación en el Norte. Las desigualdades existentes en éstas también deben ser ámbito de preocupación, análisis y cambio, como las que se dan en el Sur.

Necesidades prácticas y estratégicas

La estrategia GED requiere una planificación y actuación en dos dimensiones. Por un lado, para garantizar que los procesos de desarrollo tengan en cuenta la situación concreta de las mujeres y hombres, ha de considerar las necesidades derivadas de su situación actual que estará marcada por el desempeño de los roles asignados y la división genérica del trabajo. Estas necesidades prácticas deben ser formuladas por las propias personas y responden a la percepción de una necesidad inmediata. La mera solución de estas necesidades todavía no cuestiona la posición subordinada de las mujeres, por lo que es necesario combinarla con acciones a largo plazo.

Para conseguir la transformación del orden social hacia un orden más equitativo ha de detectar por otro lado las relaciones de dominio/ subordinación entre los géneros y formular metas orientadas a alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres. Con la satisfacción de estas necesidades estratégicas - por ejemplo la abolición de la división sexual del trabajo, el compartir el trabajo doméstico, la supresión de formas institucionalizadas de discriminación etc. - se avanza hacia la supresión de la desigualdad entre los géneros.

El enfoque de Género en el Desarrollo exige un cambio fundamental en lo que es la planificación del proceso del desarrollo. Ésta deja de ser un proceso técnico y se transforma en un proceso de naturaleza política porque contiene explícitamente una reivindicación política: la igualdad entre hombres y mujeres. Por ello, hay que ser conscientes de que se trata de la redistribución de recursos y de poder, y que puede generar un conflicto entre hombres y mujeres. Así que ha de crear las bases para que la negociación de intereses se realice en condiciones de igualdad, lo cual implica el empoderamiento de las mujeres. También ha de analizar las condiciones concretas en las cuales se encuentran los hombres y mujeres en un contexto determinado. Así que el enfoque de Género en el Desarrollo trabaja con dos herramientas clave: La planificación de género que tiene que tener en cuenta tanto las necesidades prácticas como las estratégicas y el Empoderamiento de las mujeres.

Con aquello la participación es un aspecto imprescindible en la estrategia del GED. Por ello se habla de un concepto de "Agenda-Setting" lo cual quiere subrayar que no se trata de la mera integración de las mujeres en el desarrollo sino que ellas mismas participan en el diseño de la agenda del desarrollo y el proceso de transformación. Este aspecto ha de entenderse como un factor imprescindible del GED.

Trabajar con el enfoque GED significa en resumen tener un conocimiento profundo sobre las relaciones de género y considerarlas a la hora de la planificación de todos los programas y proyectos; trabajar con conceptos participativos en todo el proceso de desarrollo; Posibilitar el empoderamiento de las mujeres; tener en cuenta tanto las necesidades prácticas como las necesidades estratégicas en el trabajo de la cooperación; transversalizar en enfoque de género en todo el trabajo de cooperación.

Un punto importante del enfoque GED pero a menudo olvidado en la práctica es que se trata de considerar las relaciones de género y por ende tanto a las mujeres como a los hombres. Así el concepto exige no solamente un enfoque en las mujeres y su papel en las sociedades sino también en los hombres y la respectiva reconstrucción de la/s masculinidad/es. Erradicar las desigualdades entre hombres y mujeres exige tanto el empoderamiento de las mujeres como la cooperación y el cambio de los hombres.


3. Políticas de género

La Declaración de Beijing (1995) y la Plataforma de la Acción forman un acuerdo internacional sobre una estrategia para la igualdad de género. En la Plataforma los países firmantes declararon su voluntad de establecer el "principio de que mujeres y hombres deben compartir el poder y las responsabilidades en el hogar, en el lugar de trabajo y, a nivel más amplio, en la comunidad nacional e internacional". En Beijing se reconoció la igualdad entre mujeres y hombres como una cuestión importante para el conjunto de la sociedad más que como un 'tema de mujeres'. También se subrayó la necesidad de integrar la perspectiva de género en todas las políticas y prácticas de cooperación. La Plataforma y la declaración de Pekín fueron aprobadas por los 189 miembros de la ONU, todos. Con ello y con las resoluciones de la ONU surgidas a raíz de Pekín (52/100; 50/203) una Política de transversalizacion del enfoque de género estaba declarada como obligatoria para todo el sistema de las Naciones Unidas.

Aplicar la perspectiva de género significa tener en cuenta las relaciones entre los géneros, las desigualdades entre ellos y por lo tanto la necesidad de que las políticas emprendidas estén dirigidas a las personas en consideración de sus necesidades especificas surgidas de su situación concreta.

El enfoque de género parte del supuesto de que la desigualdad entre los géneros es un fenómeno extendido en casi todos los sectores de las sociedades. Por lo tanto la aplicación del enfoque de género significa en consecuencia la transversalización del concepto. Una política de género requiere una amplia reorganización tanto de las estructuras institucionales como de las políticas. Exige estos cambios sobre todo en tres áreas: en la planificación y formulación de políticas y objetivos, en los procedimientos y mecanismos institucionales y a nivel cultural.

A la hora de planificar y formular programas y políticas, la igualdad entre los géneros tiene que constituirse como un horizonte básico de la actuación. Así la elaboración de estrategias organizacionales y la formulación de políticas en el ámbito de actuación ha de incluir los marcos para el avance de dicha igualdad. Para ello hace falta garantizar que en el mismo proceso de planificación haya una participación tanto de hombres como de mujeres para asegurar que las diferentes necesidades estén consideradas. Esto a menudo exige un Empoderamiento previo de las mujeres y un cambio estructural de las organizaciones.

En cuanto a las estructuras organizacionales la implementación de una Política de Género implica que la equidad entre hombres y mujeres se convierta en una parte de la organización misma, suprimiendo las estructuras desiguales dentro de la organización y estableciendo mecanismos operativos que aseguren una equidad de género. Esto genera una mayor sensibilización del personal en cuestiones de género tal como la construcción de discursos y prácticas institucionales a favor de la equidad de género, por lo cual se hace imprescindible emprender cambios en las creencias, valores y comportamientos de los actores.

En la actualidad la gran mayoría de organizaciones multi- y bilaterales de la cooperación se presentan con políticas que de una u otra manera tienen un enfoque de género. Últimamente también en parte de las ONGDs se ha iniciado un proceso de implementación y en los países miembros de la UE se está aplicando la transversalización del enfoque de género en las políticas nacionales. Este proceso no sucede sin ambigüedades ya que pese a la aparentemente amplia implementación, a menudo falta la aplicación coherente del concepto e incluso es utilizado como "maquillaje" en el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional para ocultar los impactos negativos de sus políticas en el logro de la igualdad entre hombres y mujeres.

Las organizaciones internacionales: ¿declaraciones de voluntad?

El Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE publicó en 1995 una declaración titulada "La igualdad entre mujeres y hombres: hacia un desarrollo sostenible centrado en la persona". Esta hizo hincapié en la igualdad entre mujeres y hombres como meta fundamental del desarrollo y de los esfuerzos de cooperación. También la Comisión Europea se presentó con el paradigma del "Empoderamiento económico" y el Banco Mundial habló de la "igualdad entre los géneros" o de "macroeconomía desde una perspectiva de género".

Las críticas a las políticas de ajuste estructural - dirigidas sobre todo hacia el Banco Mundial (BM)- hicieron que éste se viera obligado a mostrar una cierta voluntad en la introducción de un enfoque de género en 1996. Pero aunque las actividades del BM en este ámbito parecen ser considerables, el problema fundamental es que el horizonte de actuación es la eficacia del desarrollo económico y no la equidad de género.

Las propias evaluaciones del BM sobre las dimensiones de género en su asistencia constatan que los esfuerzos del Banco han sido débiles a la hora de promover la integración y la participación de mujeres en la esfera económica y política y que los éxitos conseguidos se limitan a los temas de salud y educación y en este último con resultados ambiguos. Esta evaluación del año 2002 de 180 proyectos del BM en 12 países llegó a la conclusión de que: "no había una estrategia del Banco para el desarrollo institucional de la perspectiva de género en ninguno de los países de actuación. Los impactos conseguidos quedaron al nivel local o micro". (Informe No. 23119/ BM: The gender Dimensions on bank assistance, An Evaluation of results. 17. Jan 2002)

En la Reunión de Alto Nivel de 1995, los países miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), a través del Comité de Asistencia para el Desarrollo (CAD), reconocieron oficialmente que la igualdad de género es un objetivo estratégico general para la promoción del desarrollo. En 1998 el grupo de trabajo sobre la igualdad de género de la CAD publicó las "Directrices del CAD para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en la cooperación para el desarrollo". Estas directrices postulan que la transversalidad de género se convierta en parte integral de los procesos de las instituciones miembros del CAD y de los mecanismos de cooperación entre los países miembros. Pero no se trata de directrices obligatorias, las directrices, políticas y recomendaciones del CAD son orientaciones para los países miembros, la implementación de las mismas depende de la voluntad de los Estados miembros. Aún así tienen un peso político tras la aplicación de mecanismos como el examen anual de los programas de ayuda de los Estados miembros.

La Resolución sobre la Integración de la cuestión de Género en la Cooperación al Desarrollo de la Unión Europea (UE) y de los Estados miembros (aprobada en diciembre de 1995 por el Consejo de Desarrollo de la UE) declara también como una meta fundamental de la cooperación la reducción de las desigualdades entre hombres y mujeres. Así en el proceso de solicitud de recursos de los fondos estructurales se ha de incluir información del proyecto en relación con su impacto en la igualdad de géneros. Según las directrices de la Unión Europea se favorecen aquellos proyectos que indican una incidencia positiva en las relaciones de género.

Aunque se pueden constatar ciertos avances dentro de la UE, el proceso de implementación es limitado. El Parlamento Europeo subraya en una resolución al consejo Europeo en el año 2002 que "lamenta que hayan pasado seis años desde que el Consejo designara por primera vez en [...] 1995 la integración de las cuestiones de género como un principio de la política de desarrollo comunitaria y de los Estados miembros [...], su puesta en práctica haya sido limitada, pero valora el reconocimiento por parte de la Comisión del efecto de la llamada 'evaporación de la política de género' "; (Resolución del Parlamento Europeo sobre el Programa de acción para la integración del factor género en la cooperación de la Comunidad al desarrollo (COM(2001) 295; C5-0464/2001; 2001/2193(COS)). Aunque el año 2001 era el primero de la puesta en práctica de un nuevo programa de acción contra dicha evaporación de la política de género, elaborado para "cerrar la brecha entre las políticas y su ejecución" Según el informe anual 2001 (s. 35), del presupuesto sólo se asignaran 2,02 millones de euros para la integración de la dimensión de género en la cooperación al desarrollo frente a 5 millones de euros en 1998.

Nivel Estatal

La integración del enfoque de género en la cooperación oficial para el desarrollo en España todavía se encuentra en sus principios. A partir de 1993 aparecen declaraciones respecto al impacto de género en las líneas de la cooperación española. También se ha integrado formalmente la estrategia de transversalización de la perspectiva de género en la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI). Pero todavía no ha llegado a integrar las orientaciones del CAD en las propias políticas. En 1993 menos de un 1% de la cooperación bilateral estaba destinada a programas y proyectos específicos que benefician directamente a las mujeres y la igualdad de oportunidades de mujeres y hombres, en el año 2000, el porcentaje de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) no ha variado demasiado, siendo un 1,5% del total de la AOD.

En el Plan Director de la cooperación Española 2001-2004 se estableció la igualdad entre mujeres y hombres como una estrategia de intervención horizontal de la cooperación, apoyada por el trabajo realizado por el Instituto de la Mujer. Aún así, la transversalización del enfoque de género aún queda lejos en la política de la cooperación española y sigue siendo un reto a abordar con medidas concretas en el próximo Plan Director 2005-2008 (revisar este apartado cuando se apruebe el nuevo Plan Director).

Un 25% de la AOD de España está invertido en la cooperación descentralizada de la cual gran parte va a las ONG de España. En general la implicación de las instituciones públicas en el ciclo de los proyectos llevados a cabo por las ONG es bastante limitada. Así pues no existe ninguna normativa ni mecanismo por lo que los compromisos internacionales - como la Plataforma de Pekín - puedan tener una incidencia o traducción directa en la cooperación de las instituciones locales o autonómicas y en las ONGD.

CAPV

Al nivel gubernamental de la CAPV existen pocos datos para evaluar de manera amplia las actividades de la cooperación del Gobierno Vasco respecto a la consideración del enfoque de género. De los datos existentes se puede deducir que la actividad en este ámbito es poca. Así, entre 1988 y 1994 un 7% de la AOD vasca fue destinada a proyectos destinados a mujeres o a aquellos que tenían enfoque de género.

Según el Diagnóstico de Género realizado por Roxana Volio, "La Dirección de Cooperación al Desarrollo del Gobierno Vasco no ha sabido encontrar el camino para convencer a las organizaciones de la importancia real, estratégica, política y metodológica que reviste incorporar la perspectiva de género. Esta es quizás la mayor de sus dificultades".

En el Código de Conducta de las ONGD que elaboró la Coordinadora ONGD-España y Coordinadora ONGD-Euskadi en 1998 está incluida la transversalización del enfoque de género. Aún así una encuesta del año 2000 realizada en el País Vasco constató que "la perspectiva de género no está integrada en los objetivos y políticas de la mayoría de ONGD vascas entrevistadas, aunque ellas consideren, equivocadamente, que su trabajo está orientado por dicho enfoque". Incluir nota al pie C. Murguialday, A. del Rio, E. Anitua y C. Maoño "Perspectiva de género en las ONGD vascas", 2000.

En el caso de las ONGD, asumir la equidad entre hombres y mujeres en la cooperación y la educación al desarrollo, sólo puede surgir como fruto de la voluntad de todas las partes y en todas las actividades. De ahí que es imprescindible una concienciación de los actores dentro de las ONGD y en las contrapartes. Para que las ONGD puedan cambiar sus políticas de cooperación tienen que institucionalizar la reflexión de género en sus propias organizaciones para hacer posible la voluntad de considerar las relaciones de género a la hora de iniciar o financiar proyectos de cooperación.

Así la Política de Género de una organización es el resultado de un proceso de concienciación colectiva en torno a las causas y consecuencias de la desigualdad entre mujeres y hombres, pero también una decisión política institucional de transformar esta realidad.

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